Descreídos Martes, 18 agosto 2015

Et plagium in tenebris lucet

Para aquellos comprensibles casos de recurrencia a un “saber común”, proponemos el uso del neologismo “ciprianizar”.

Para aquellos comprensibles casos de recurrencia a un “saber común”, proponemos el uso del neologismo “ciprianizar”.

 

Escribe: Iván Antezana Quiroz – Director de la SSH

A estas alturas, la noticia de las sistemáticas copias efectuadas por el jefe de la iglesia católica peruana ha dado la vuelta al mundo. Medios escritos de diferentes idiomas, e incluso notas en video, ilustran la amplia cobertura internacional de las desvergonzadas acciones de este personaje.

En muchos otros lugares se ha detallado el prontuario del cardenal #Copiani (en particular las columnas de Gustavo Faverón, algunas de cuyas ideas ciprianizamos aquí). Ya van unos cinco comprobadísimos, con víctimas como Joseph Ratzinger (Benedicto XVI), Giovanni Montini (Paulo VI), Víctor Andrés Belaúnde (por muchos años el principal ideólogo de los conservadores peruanos) y Alejandro Llano Cifuentes (filósofo español). Y con seguridad irán apareciendo más. Pero deberíamos detenernos un momento siquiera en las reflexiones morales.

Fue en este mismo portal, Útero.pe, donde empezó a hacerse público el Copygate del cardenal.

Fue en este mismo portal, Útero.pe, donde empezó a hacerse público el Copygate del cardenal.

Lo que el cardenal ha cometido es una afrenta ética y un delito bien tipificado, que él mismo ha buscado minimizar amparándose en un “saber común” del catolicismo, como si unos cuantos salpicones de agua bendita lo dejaran a uno listo para el pillaje intelectual. Aparte de lo ridículo de ese argumento, cabe resaltar que los mismísimos referentes de Copiani actúan de modo muy diferente: los libros de Ratzinger especifican claramente sus derechos de autor, mientras Francisco se preocupa en sus encíclicas de incluir profusamente citas bibliográficas.

Lo más rochoso es que el cardenal es Gran Canciller de la Univerisidad Católica, una institución educativa muy exigente que sanciona severamente a los alumnos que plagian, y expulsa a los reincidentes. ¿Se debería aplicar la regla también al Gran Canciller?

Algunos dirán que el cardenal no estuvo a la altura de su institución, que se autoproclama como “reserva moral del país”. Muchos pensamos que sí lo estuvo. El típico discurso teísta suele machacar que la religión es el fundamento de la moral. ¿Es esa entonces la base para presentar descaradamente el trabajo de otras personas como propio? Tal parece que no es muy elevada la moral del cabecilla de la iglesia católica peruana. Y lo mismo se puede decir en general de la moralidad que viene impuesta por revelación divina o sobrenatural.

Si los derechos humanos le parecen una cojudez, los derechos de autor también.

Si los derechos humanos le parecen una cojudez, los derechos de autor también.

El humanismo secular propugna, sobre la base de evidencia, que la moral es innata. Que nos viene como herencia biológica de nuestros antepasados primates, pero también de nosotros mismos, como herencia cultural. Y como tal, la moralidad de nuestro tiempo ha evolucionado continuamente en contra de la moral religiosa. El que el cardenal plagie textos sistemáticamente desde hace varios años no se contradice con sus discursos en contra de los derechos reproductivos o las uniones del mismo sexo (que más temprano que tarde serán aprobados en el Perú). Es, simplemente, una muestra más de esa moralidad religiosa, mezquina y tribal, que debemos superar si de verdad deseamos considerarnos un país desarrollado.

Lo triste es que no sabemos si en verdad deseamos superarnos como sociedad. En un sondeo de opinión de hace un mes, el cardenal tenía un 61% de aprobación, a pesar de todos sus desvaríos cavernarios. Por su parte, el alcalde de Lima, sumido en prácticas muy lejanas de la transparencia, acumula un 69% a favor. Podríamos pensar que si a los limeños poco les importa la corrupción en su gobierno, menos les va a importar que un cardenal se robe unos cuantos derechos de autor.

Sin embargo, ¿quién se ha enterado de los plagios del cardenal a través de los medios noticiosos de nuestro país? No se oye, padre… Hasta “Los chistosos” de RPP (radio donde, coincidentemente, el cardenal se despacha a gusto) han manifestado muy sueltos de huesos que “es un tema muy sensible”, y por lo tanto no lo van a tocar. Estamos aquí ante claros casos de autocensura (quizás la peor de las censuras), y la confirmación de que los principales medios peruanos han optado por el silencio.

Ahora, cabe averiguar si el título del programa “Diálogos de Fe” es propio o copiado.

Ahora, cabe averiguar si el título del programa “Diálogos de Fe” es propio o copiado.

En la SSH estamos convencidos de que la inclusión de cursos sobre pensamiento crítico desde el colegio haría a nuestra sociedad más sensible a casos de robo intelectual como este. Más ciencia y menos religión es lo que necesitamos para valorar la actividad científica e intelectual, explotar nuestra creatividad y hacer tangibles esas potencialidades de las que hemos oído hablar desde que éramos niños.

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