Descreídos Miércoles, 30 diciembre 2015

Lo que normalmente no te dicen de la navidad

Todo lo que no te contaron de la Navidad

Richard Dawkins, Daniel Dennett y Sam Harris.

Richard Dawkins, Daniel Dennett y Sam Harris.

Escribe: Helmut Kessel, presidente de la SSH

Para empezar, los no creyentes también celebramos la Navidad 

No pretendo hablar a nombre de todos los no creyentes, pero puedo estar relativamente seguro de decir que la mayoría disfrutamos de la Navidad. Es un día en el que vemos a nuestras familias extendidas, a primos que no veíamos hace tiempo, amigos que vienen de lejos, o a las abuelas que siempre estamos demasiado ocupados para visitar. Puedo afirmar también que la mayoría de no creyentes celebramos y asistimos a la Navidad por eso, y no participamos de oraciones, cantos, ceremonias o misas, aunque sí solemos ser educados espectadores. Es además parte de la naturaleza humana el juntarse uno o dos días del año en grande para celebrar algo en familia, ya sea en el Hannukah, el Diwali o el Eid-al-Fitr. Si no hubiera Navidad, estaríamos celebrando igual alguna otra cosa. La religión es ritual, pero eso es porque el humano es ritual, de modo que los ritos no son sinónimo de religión.

Evidentemente, no celebramos tampoco el nacimiento de Jesús, ni la venida del hijo de alguna deidad ancestral del Medio Oriente. Nos adaptamos gratamente a este cumpleaños celebrado por la mayoría, pues no tenemos la masa para tener nuestro propio día de celebración, y sería poco práctico separarnos. Tampoco nos oponemos a que se celebre en calles y plazas, pues la mayoría creemos en la libertad de culto y de expresión, y no queremos perder el tiempo criticando nacimientos o árboles de Navidad como se hace en otras latitudes, pues es innecesario, contraproducente y hay problemas más apremiantes para fortalecer el Estado laico en el Perú.

No todos los cristianos la celebran

Los no creyentes, al estar libres de la carga emocional sobre la Navidad que acarrea la fe cristiana, solemos hablar sobre ella con un tono más pragmático o inquisitivo, y nos parece importante que los cristianos conozcan mejor los entretelones de su fiesta. Pocos creyentes saben, para comenzar, que la Navidad (o el cumpleaños de Cristo) no es celebrada por todos los cristianos, y que existen iglesias que incluso la prohíben. Existe muy poca evidencia de celebración de Navidad en los primeros dos siglos de la Iglesia. Bien decía el teólogo Orígenes de Alejandría, que los cumpleaños en la Biblia sólo eran celebrados por los villanos, como el faraón del Éxodo o el rey Herodes Antipas, quien a pedido de Salomé manda a decapitar a Juan Bautista y entregar su cabeza en una bandeja de plata.

Esta muy precisa interpretación bíblica es la que inspira a los Testigos de Jehová a prohibir la celebración de cumpleaños y, por consiguiente, de la Navidad. Los puritanos del siglo XVII que tomaron el poder en Inglaterra durante la guerra civil prohibieron la Navidad en toda Inglaterra y también en Massachusetts, la cual habían colonizado años atrás. Los calvinistas (hoy llamados presbiterianos) tampoco observaban esta fiesta. Tanto así, que en Escocia (de mayoría calvinista) el día de Navidad no era un feriado nacional hasta el año 1958.

La fecha la determina el Sol, y no una partida de nacimiento

Pero si de celebrar cumpleaños se trata, lo primero que tenemos que saber es qué día nació el celebrante. No hay partida de nacimiento ni existe registro o evidencia alguna del día en que vio el mundo o de su paso por él. Es más, no hay gran evidencia histórica de que haya existido. Los evangelios tienen un origen muy nebuloso y fueron escritos décadas después del año 33. Al no haber quedado registro de este señor, los escenarios son dos: o era un ser casi desconocido e irrelevante para la sociedad del momento, el cual se hizo conocido gracias a la eficacia de sus seguidores, o simplemente nunca existió.

Asumiendo que sí haya existido, que es probable, nadie tiene ni idea de cuándo nació y nunca se sabrá. Lo único que podemos saber es que definitivamente no nació de una virgen, ni resucitó de los muertos, ni transformó moléculas de H2O en moléculas orgánicas de vino sólo con meter su dedo, pero algún día tendría que haber nacido. ¿Por qué entonces la mayoría celebra su cumpleaños el 25 de diciembre? Por ejemplo, en Armenia lo celebran el 6 de enero y en Rusia el 7, pues se basan en el calendario juliano. Existen cuatro influencias marcadas, y todas tienen que ver con la traslación de la Tierra alrededor del Sol, en particular el solsticio de invierno en el norte. El solsticio de invierno es el día más corto del año, o en todo caso, el momento del año en que los días comienzan de nuevo a alargarse y se inicia el largo camino hacia la primavera. Como siempre, el hombre mira a los astros para resolver sus dudas. 

La conversión oficial del imperio romano al cristianismo fue clave para determinar la fecha, pues esto originó el sincretismo entre las celebraciones paganas y las cristianas. En Roma, cuna de la Navidad, se celebraba el festival de la Saturnalia, el más grande y popular del imperio, en honor al dios Saturno. Eran varios días de fiestas que anticipaban la llegada del solsticio de invierno, donde la gente se dedicaba a celebrar, tragar, chupar y, notablemente, a intercambiar regalos. Esto se fue refinando hasta que el emperador Aureliano estableció el día 25 de diciembre como la cúspide de las celebraciones: “el día del cumpleaños del sol invicto”. El sincretismo con el cristianismo se da por razones muy simples: al cambiar de religión ya no hay Saturno, y lo más práctico para no causar estragos en las costumbres locales es simplemente cambiar a Saturno por Jesús, y al cumpleaños del Sol por el cumpleaños de Cristo, hijo de Dios. Los cristianos de la época vieron conveniente hacer una relación entre “el sol de la rectitud” del libro de Malaquías y el “sol invicto” de Aureliano, ya que dicho sol de rectitud se refiere, según ciertas interpretaciones, a Jesús.

Representación de la Saturnalia, de Ernesto Biondi.

Representación de la Saturnalia, de Ernesto Biondi.

El solsticio de invierno era también una gran fiesta entre las tribus paganas de Germania y Escandinavia, lo cual hizo más fácil que la reemplazaran con la Navidad cuando fueron cristianizados. El sincretismo hizo posible que los bárbaros germanos mantuvieran su culto de adoración a los árboles durante esa fecha, en particular las coníferas (pinos), de donde viene el tan querido árbol de Navidad. Pero no todo sobre el 25 de diciembre es pagano: según algunos teólogos, la fecha de la anunciación es una cuarta influencia junto con la Saturnalia, el sol invicto y el solsticio de los bárbaros.

Pero ni la anunciación se salva de la influencia del Sol. El día de la concepción de Cristo, cuando el arcángel Gabriel le anuncia a María que está embarazada del Espíritu Santo, se celebra tradicionalmente el día 25 de marzo o, para ser más precisos, el día del equinoccio de primavera. El equinoccio es el día que marca la mitad entre los solsticios de verano e invierno. Calculen nueve meses de embarazo a partir del 25 de marzo, y allí tienen su fecha. La pregunta es entonces, ¿por qué el 25 de marzo? Otra tradición es que Jesús fue crucificado un 25 de marzo, y para los judíos de la época, los grandes hombres morían el mismo día en que eran concebidos. También se toma el sexto mes del embarazo de Isabel, la prima de María, como referencia. Al final del día, es también imposible saber el día real de la anunciación, y como los no creyentes no creemos en ángeles ni demonios, nunca hubo ningún Gabriel y por ende jamás hubo “anunciación”. Otra vez, y en resumen, la respuesta está en los astros. 

Las costumbres navideñas vienen de lugares inesperados

Y también está la respuesta en las tradiciones paganas de etnias europeas. A las fiestas del solsticio hay que sumarles las lucecitas, herencia del año nuevo romano, el intercambio de regalos de la Saturnalia, y el culto a la conífera de los bárbaros, entre otras cosas. Estos dos últimos ejemplos de sincretismo son muy interesantes. Los regalos de la Saturnalia son también asociados a los regalos de los tres reyes magos, con la diferencia que en Roma la gente sí intercambiaba regalos de verdad, mientras que no existe registro alguno de ningún rey Melchor, Gaspar o Baltazar en ninguna parte de la Tierra. Y las coníferas fueron admitidas por su forma triangular que simboliza la Trinidad, y su punta que mira al cielo. El arbolito fue siempre popular en Alemania, de herencia bárbara, de donde pasó a Estados Unidos y luego a Latinoamérica, y a los centros comerciales de Lima donde recreamos un pastiche de los bosques de Germania con nieve de tecnopor y pinos de plástico.

El árbol de Navidad puede incluir un Ultra 7.

El árbol de Navidad puede incluir un Ultra 7.

El sincretismo con las costumbres locales también se puede ver aquí, no sólo en el tecnopor, sino también en las andas del Señor de los Milagros y otras imágenes y estatuas, que se asemejan a las andas donde se cargaban a las momias en tiempos precolombinos. O en las vírgenes con forma de montaña.

Papá Noel tiene un origen algo más burdo. Creado en su imagen actual por un publicista y un dibujante en Nueva York en el siglo XIX, pero inspirado en San Nicolás, un obispo muy noble de la Grecia bizantina que era conocido por cuidar de niños abandonados y darles regalos. Por alguna razón, el culto a San Nicolás se popularizó en Holanda, y de allí pasó a Nueva Amsterdam, ciudad fundada por holandeses y más conocida hoy como Nueva York.

San Nicolás.

San Nicolás.

Mircea Eliade comentaba que el cristianismo es fundamentalmente urbano, y que jamás pudo imponerse a las costumbres del campo, por lo cual debió ponerle un nuevo nombre a las instituciones paganas. Casos de ese tipo abundan, como la cruenta época de la “extirpación de idolatrías” en el Virreinato del Perú, en que cuando los españoles veían satisfechos cómo los indígenas llevaban en procesión a una virgen o un Cristo, a veces ignoraban que debajo de la imagen cristiana estaba escondido un ídolo de la cultura andina. Como dice Bill Maher, más práctico que destruir un local es ponerle encima un cartelito de “nueva administración”.

En resumen…

La explicación para todo esto no es tan complicada. Se pueden imponer nuevas ideologías, nuevas “verdades” y textos sagrados, nuevos histerismos y listas de herejías, pero las costumbres no son nada fáciles de eliminar. Si no puedes destruirlas, únete a ellas. 

Por nuestra parte, los no creyentes estamos contentos de participar de la celebración, la tradición y el día familiar, pero sin la fe, el histerismo ni la superstición. Quizás sea el inicio de un nuevo sincretismo, y si llega el día en que las mayorías en el mundo occidental pierdan la fe, es probable que sigamos celebrando cualquier otra cosa el 25 de diciembre, con comida rica y regalos.