Descreídos Martes, 29 marzo 2016

Breves apuntes para los que no creen en lo sobrenatural

El siguiente texto pretende ser una brevísima introducción a la visión naturalista del mundo y a su relación con el libre albedrío. No pretende ser ni una definición formal ni una justificación del naturalismo, sino un modo de iniciar una conversación sobre esta cosmovisión. Naturalmente, tampoco pretende cambiar el modo de pensar de las personas que creen en lo sobrenatural.

Escribe: Adrián Núñez, director ejecutivo de la SSH

¿Qué es el Naturalismo metafísico?

Cada vez es más común encontrar personas que manifiestan no creer en lo sobrenatural. A la par que la información académica es más accesible, nuestros modelos mentales acerca del funcionamiento del mundo se depuran y se basan en datos más sólidos, con mayor respaldo científico, por lo que dejan fuera explicaciones algunas veces basadas en supersticiones, y otras –en cuanto a distancias y tiempos que nos superan– en el sentido común.

No es comparable la medicina de nuestra época, en la que conocemos, por ejemplo, la teoría microbiana de las enfermedades, con la medicina medieval, en la que se trataba una infección bacteriana con exorcismos o brujería –en lugar de antibióticos–, por considerarse de origen sobrenatural.

Hoy todavía hay personas que pretenden tratar lesiones cerebrales con exorcismos. Foto:  Baijie Curdt-Christiansen

Hoy todavía hay personas que pretenden tratar lesiones cerebrales con exorcismos. Foto: Baijie Curdt-Christiansen

Pero resulta extraño que siendo cada vez más común una concepción del mundo desprovista de lo sobrenatural, no sea fácil encontrar personas que se reconozcan como naturalistas. Esto podría ser por una simple falta de difusión de un término con el que se identificarían muchas personas.

El naturalismo es la negación de la existencia de causas, eventos y entidades sobrenaturales. Es decir, es la negación de una realidad dualista en la que existan fenómenos no regidos por las leyes naturales. Esta es una visión sustancial sobre la realidad, por lo tanto se le suele llamar formalmente naturalismo metafísico.

El naturalismo considera que todo lo que existe es la naturaleza, que todo es causado por algo y que nada escapa a las leyes naturales.

El naturalismo metodológico de la ciencia

Es un principio del método científico, según el cual cualquier explicación científica debe limitarse a causas naturales, es decir, conocidas o cognoscibles empíricamente. Esto implica que en el momento en que un científico incluya algún elemento sobrenatural, es decir, que no parta de causas naturales o que no pueda ser en principio estudiado por la ciencia, estará dejando de hacer ciencia.

Casos de rompimiento del principio de naturalismo metodológico se dan, por ejemplo, entre los proponentes del diseño inteligente (DI) y entre algunos investigadores de supuestos fenómenos paranormales. Cuando estos insisten en que están haciendo ciencia y a la vez rompen un principio metodológico de la ciencia, en realidad están haciendo pseudociencia.

Algunos proponentes del DI critican este principio, pues suponen que si nunca se permite la introducción de elementos sobrenaturales, los resultados de las investigaciones siempre serán naturalistas, y de existir algo sobrenatural, no se podría conocer. El error de este razonamiento está en que la ciencia no distingue a priori qué es natural y qué no, sino que el conocimiento de la naturaleza es resultado de la actividad científica. Por lo tanto, la ciencia es anterior a la distinción entre natural y sobrenatural. En otras palabras, no es que las ciencias naturales necesiten esta distinción (natural-sobrenatural) para investigar, es que es metodológicamente incorrecto basar explicaciones en aquello que no puede ser medido o que no está conectado con lo que conocemos, pues tales explicaciones llegarían a callejones sin salida. Podría decirse que la distinción entre lo natural y lo sobrenatural sería un resultado de la información proveída por la ciencia.

Durante décadas James Randi ha ayudado a científicos a investigar supuestos fenómenos paranormales.

Durante décadas James Randi ha ayudado a científicos a investigar supuestos fenómenos paranormales.

El abrumador éxito del método científico para explicar la naturaleza a partir de elementos que pueden ser medidos y estudiados de manera empírica es un indicio de que el naturalismo metafísico es una idea correcta.

Naturalismo no es materialismo ni fisicalismo

Para los materialistas y fisicalistas, sólo existe lo material o lo físico. Ambos monismos son naturalistas (pues lógicamente consideran que no existe lo sobrenatural), pero el naturalismo no es necesariamente materialista ni fisicalista. Los monistas materialistas o fisicalistas, al restringir la naturaleza a lo material o lo físico, consideran que sólo existen dos estatus ontológicos: existencia o inexistencia. Si algo es físico, existe, y no hay otra posibilidad.

Los naturalistas, en general, pensamos que es válido considerar más estatus ontológicos para lo que observamos que existe. Así, los números, las leyes de la naturaleza, las operaciones lógicas, el tiempo, el espacio y otros objetos no materiales existen, pero tienen un estatus ontológico distinto al de los libros y los zapatos. Además, no descartamos la posibilidad de que en un nivel fundamental, la realidad no esté compuesta más que por información, y que la materia emerja de la interacción de la información pura. Si consideráramos que sólo la materia y la energía compusieran la realidad, entonces o la materia y la energía son eternas, o su formación tiene un origen no natural.

Naturalismo y libre albedrío

El sentido común suele indicarnos que tenemos un libre albedrío sobrenatural, una especie de homúnculo que dirige las acciones de nuestro cerebro o, si se quiere, un fantasma que habita en nuestra “máquina”, capaz de hacernos tomar decisiones que no dependen enteramente de causas previas como sí lo hace el resto de la naturaleza. La idea de un yo independiente de nuestras funciones biológicas es entendible, pues nuestra especie ha recibido una herencia evolutiva que nos impulsa a buscar la trascendencia a la vida de nuestro cuerpo.

Más o menos así es como el sentido común nos dice que funciona el cerebro.

Más o menos así es como el sentido común nos dice que funciona el cerebro.

La existencia de un libre albedrío así entendido (libre albedrío libertario) no es sostenible desde el naturalismo, puesto que nosotros somos parte de la naturaleza y no podemos escapar a sus leyes ni a sus causas. El naturalismo aplicado al entendimiento de nuestra conducta debería llevarnos al determinismo.

Muchos naturalistas deterministas llaman también libre albedrío a la capacidad de actuar sin estar forzado o impedido por terceros, como a aquello a lo que se refiere un juez cuando pregunta a los novios si han tomado la decisión de casarse sin haber sido coaccionados. Desde este punto de vista, uno tendría libre albedrío sencillamente porque las decisiones y las preferencias se dan dentro de los límites del propio cuerpo. Las personas que sostienen que a esa libertad de acción puede llamársele libre albedrío son compatibilistas: compatibilizan el determinismo con el libre albedrío. Esta clase de libertad no es discutida por los deterministas de ningún tipo, pero algunos consideran que llamarla libre albedrío no sería correcto.

Otras personas consideran que la capacidad de la conciencia de anular algunos impulsos antes de tomar una decisión equivale a un tipo de libre albedrío conocido en inglés como free won’t. La crítica a este tipo de compatibilismo consiste en que si bien algunas decisiones son reprimidas conscientemente, los mecanismos cerebrales que efectúan esas represiones son inaccesibles a priori (son procesos neurológicos puramente mecánicos y determinados). Por lo tanto, la existencia de este proceso no significa una diferencia fundamental con otro tipo de libre albedrío compatibilista.

El determinismo es difícil de asimilar porque la creencia en un yo que está separado de nuestro cuerpo (el homúnculo en el cerebro, o el fantasma en la máquina, en palabras de Gilbert Ryle) es parte de nuestra naturaleza. A pesar de la fuerte evidencia en contra de esta creencia, es incluso difícil para los naturalistas aceptar plenamente nuestra realidad determinista.

Libre albedrío y justicia

En el debate entre deterministas y defensores del libre albedrío libertario, es común la mención de que aunque se pruebe como válida una u otra postura, esta sería irrelevante en el manejo de la sociedad, pues todos nos comportaríamos “como si tuviéramos libre albedrío”. Sin embargo, la visión determinista de la conducta humana invita a la reflexión sobre los orígenes de nuestras acciones. Cuando analizamos las causas de nuestros actos, deja de tener sentido la justicia retributiva porque, ¿de qué sirve hacer sufrir a una persona por haber hecho sufrir a otra? Sólo podríamos encontrar utilidad en el efecto disuasivo de las penas, en la justicia restaurativa cuando es aplicable y en la separación de individuos peligrosos sólo con fines de guardar la seguridad en la sociedad. Aunque es entendible que sea difícil de trascender nuestra naturaleza vengativa, que clama por justicia retributiva cuando se observa un crimen, esta característica tiende a diluirse cuando se toma en cuenta que nadie escoge ni su cerebro ni las circunstancias que experimentó. No hay un fantasma conectado a nuestro cerebro que maneje nuestras acciones. Somos resultado de nuestro “cableado” cerebral y nuestras decisiones son electrones moviéndose de una parte a otra. El concepto mismo de nuestro yo es ilusorio.

Implementación del piloto del proyecto "Justicia Restaurativa en Bolivia" . Foto: unodc.org

Implementación del piloto del proyecto “Justicia Restaurativa en Bolivia”. Foto: unodc.org

La visión naturalista del mundo, de llegar a extenderse un día, sería la base cognitiva que nos permitiría trascender algunas ideas irracionales sobre la aplicación de justicia basadas en lo que en otro momento fue una ventaja evolutiva, como sugiere Steven Pinker. Esta habilidad humana para trascender nuestra herencia evolutiva, la misma que ya hemos aplicado para la creación del método científico, podríamos aplicarla para vencer nuestros impulsos de venganza y crear un sistema de justicia razonablemente basado en evidencias, y debidamente conectado con los programas científicos relacionados al estudio de la conducta humana (neurología, psicología, endocrinología, psiquiatría, etc.).

Aquí puedes ver un video con una breve explicación del método científico.

En este video encontrarás una explicación sencilla de la ciencia en general.

Y en este otro, tenemos una genial explicación de por qué es importante saber de ciencia.