Descreídos Martes, 28 julio 2015

Yo no he jurado ante ningún dios de Jacob

Los excluidos del himno. Versión original publicada en El Comercio, el día jueves 16 de julio 2015

Hay mucho que nos une a todos los peruanos, sea cual fuere nuestro origen en este variadísimo país. El orgullo de ser libres y del esfuerzo que costó, la cercanía e influencia de los Andes o el amor a nuestra bandera. La homogeneidad religiosa absoluta NO es una de esas cosas.

El himno debería representar a todos los peruanos. Créditos: EFE

El himno debería representar a todos los peruanos. Créditos: EFE

Escribe: Helmut W. Kessel – Presidente de la Sociedad Secular Humanista del Perú

Cantar el himno nacional con orgullo, y en especial, con convicción de lo que se dice, debería ser otra de aquellas cosas que nos unen. Existimos aquí diversas comunidades, tan peruanas como cualquier otra, que no hemos rendido ningún juramento a un dios con nombre propio, y que desde hace un par de años nos vemos obligados a mentir cada vez que cantamos el himno y tenemos que pronunciar aquella frase abyecta que enuncia “el gran juramento que rendimos al Dios de Jacob”. Los teócratas que esfumaron al “peruano oprimido” y nos zamparon la otra estrofa, entre otras razones, para creerse la ilusión que en el Perú todos somos cristianos devotos, ignoraron olímpicamente la existencia de nuestras comunidades.

Y no solo hablo a nombre de los no creyentes, sino que me atrevo a extender esta protesta a nombre de los budistas del Perú, los hinduistas, los animistas de la Amazonía y otras comunidades religiosas minoritarias que no han hecho ningún juramento a Yavé, Jehová, el Tetragramatón o como se le quiera llamar a aquel dios de Abraham, Isaac y Jacob.

¿Quiere realmente la sociedad que cientos de miles de ciudadanos pronuncien palabras para ellos vacías cada vez que cantan el himno? ¿No es un juramento algo sincero que define nuestra palabra ante los demás? Pues a muchos sí nos importa nuestra palabra. Y no solo estoy pensando en mis compañeros no creyentes o mi tía budista, sino en los niños de nuestras comunidades que cada semana los obligan en el colegio a decir, nada menos que tres veces seguidas, que han jurado ante el dios mítico de unos nómadas de la edad de bronce en el Medio Oriente.

Esto contribuye a un adoctrinamiento religioso disimulado, directamente contra los deseos de sus padres y de la educación que estos les dan. Existen cada vez más familias que no forman parte de ningún círculo de fe, que no bautizan a sus hijos y que los crían con códigos éticos seculares que no apelan a lo sobrenatural ni a mitos y fantasías.

La obligación de repetirlo a diario.

La obligación de repetirlo a diario.

El himno debería contener solo elementos que nos unen a todos y apelar a ideales patrióticos, no a elementos religiosos que encasillen a todos dentro de una fe, como si esta fuera la religión oficial de la República. La frase “el eterno”, también presente en el himno, es más inclusiva y puede ser interpretada de distintas maneras, pues no nos limita a una religión en particular.

La creencia en un creador del universo o un iniciador de las leyes de la física no implica que dicha fuerza sea necesariamente el dios bíblico o una deidad sobrenatural, ni descarta que el “eterno” se interprete como un concepto natural abstracto.

La tradición se respeta y se reconoce, pero no se impone. Celebremos la peruanidad y la inclusión de todos. Los no creyentes existimos, somos cada vez más y amamos a nuestro país tanto como cualquiera. El Perú es de todos los peruanos; su himno debería serlo también.

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